UNA NUEVA VIDA
(Escrito por nuestra amiga
Alejandra Isabel Hernández Ronquillo)
Me llamo Alejandra Isabel Hernández Ronquillo, tengo 27 años, soy paramédico voluntaria de la Cruz Roja en Chihuahua México, soy hija de madre soltera, nunca conocí a mi padre y sufrí un paro-cardiorespiratorio a los 19 años de edad.  Aquí está mi historia.

El 21 de Enero de 1994 cumplía 18 años. Estaba ansiosa de inscribirme a un curso que otorga anualmente la Cruz Roja en mi ciudad, ahí se formaban los Técnicos en Urgencias Medicas (paramédicos). El día 4 de Noviembre iniciaron las clases, me sentía muy emocionada, siempre soñé con subirme a una ambulancia, tratar heridas o enfermedades, diagnosticar, medicar en casos urgentes, incluso aliviar corazones heridos por problemas emocionales, se que somos muy privilegiados los paramédicos en tener la misión más importante, ¡salvar vidas!, pero había algo más que podíamos  hacer.

El curso terminó el 4 de Junio de 1995, para entonces ya sabía que no me había equivocado de vocación, me sentía plenamente realizada. En ese tiempo había conocido a un chico que atraía mucho mi atención, al igual que yo era paramédico, se llama Carlos, confieso que su sonrisa me derretía, su piel blanca, su hermoso cabello castaño, todo de él me gustaba por lo cual estaba ansiosa de ser su novia, sin saber que sería su esposa.
Días antes de la graduación nos convocaron al personal voluntario a participar en un conflicto político y social al sur de la república Mexicana. La operación se llamaba Cinturón de Neutralidad, en poblado llamado San Andrés Larrainzar en Chiapas. Una guerrilla indígena (zapatistas) manifestaban sus inconformidades con el gobierno, deseaban que el diálogo se realizara en presencia de la Cruz Roja Internacional ya que somos neutrales ante cualquier conflicto, querían que formáramos un cinturón alrededor de ellos para protegerlos (sabían que nadie dañaría a los voluntarios).

A los dos días partimos varios elementos de la delegación de Chihuahua rumbo a México, donde abordaríamos el enorme avión militar (hércules) que nos llevaría a Chiapas, en 3 horas nos encontrábamos en San Andrés. Ahí había muchas tiendas de campaña, estaban presentes casi todas las delegaciones de Cruz Roja del país, incluso Internacional, a nosotros nos tocaba levantarnos como a las 4 a.m. para bañarnos, en el comedor varios voluntarios dedicados a cocinar nos tenían listo un vaso de leche con chocolate calientito, huevos fritos, frijoles negros y pan de dulce, al finalizar, tomábamos unos impermeables amarillos (ya que todos los días llovía) para encaminarnos al lugar del diálogo, relevábamos a un grupo de compañeros, después de 5 horas aproximadamente  llegaba otro grupo que se quedaría en nuestro lugar. Todo salió a la perfección, después de 9 días la participación de nuestra delegación había finalizado, el regreso a casa fue tranquilo, algo dentro de mí había madurado ya no era la chica sin rumbo, ya veía un camino a seguir, pero la vida me tenía una sorpresa reservada.

Trabajaba en una fábrica de carnes frías, asistía a la preparatoria y a mis guardias en la Cruz Roja, mi corazón empezó a darme problemas, tenía palpitaciones (sientes su latido y crees que se va a salir del pecho), taquicardia y hasta arrítmias leves, un  presentimiento empezó a rondar mi mente, ¿acaso moriría?. Estas inquietudes se las comentaba a Carlos mi novio, él me consolaba diciendo que el médico me haría sentír bien, pero ahora se que cuando la muerte se presiente no hay palabras que cambien tu sentir. El cardiólogo me mandó hacer varios estudios, después de una valoración me indicó tomar tabletas de propafenona 300mg, después de una semana mi malestar había empeorado, en la siguiente cita aumentó la dosis, pero nada había cambiado, el cardiólogo se limitó a decir que esperará a que el medicamento hiciera su trabajo.

El día 2 de Octubre de 1995, mi madre había preparado  picadillo (carne de res molida con papas, platillo típico de Chihuahua) ella sabe que siempre me ha gustado. Lo preparó para la cena, mi madre se metió a bañar y yo me dispuse a cenar un gran plato del guisado, al empezar a saborearlo empecé a sentir un malestar generalizado, me hormigueaba todo el cuerpo, sentía mareos, náuseas, le comuniqué a mi madre lo que sentía, ella rápidamente se vistió y fue a buscar un taxi para que me trasladara al Hospital, esperé afuera de la casa, el malestar empeoraba, mi madre llegó en el taxi, recuerdo que me subí sola intentando ser fuerte, mi abuelita vivía con nosotras y no deseaba que se quedara preocupada. Ahora sí sabía que algo muy malo estaba por suceder.

Por el camino al hospital sentí que mis ojos se movían solos, no podía ver claro, sudaba frío, las manos temblaban y la idea de no volver a mi casa se apoderó de mi, como pude le dije a mi madre que le comentará al médico que cada vez que tomaba el medicamento sentía más fuertes las taquicardias y las palpitaciones, luego no supe de mi... convulsiones varias veces, al llegar a la rampa de urgencias todo parecía como sacado de una de esas películas en donde casualmente médicos, enfermeras, paramédicos, ¡ah! y una camilla, esperaban al actor herido, pues sí, todos ellos me esperaban casualmente, mi madre en estado de shock le grita a Jesús (paramédico amigos de nosotras que conocí en la Cruz Roja) que yo estaba mal, él se acercó al taxi y al ver mi rostro pálido, tiró inmediatamente la torta y el refresco que en esos momentos cenaba, me subió a la camilla, adentro checaron mis signos vitales... mi corazón no latía, no respiraba y mis pupilas estaban totalmente dilatadas, Jesús y una enfermera empezaron a darme reanimación cardio-pulmonar, otra enfermera me conectaba a un monitor donde veían si el corazón latía, un médico me intubaba mientras le indicaba a otra enfermera que me canalizará a dos vías y me administrará 2 ámuplas de adrenalina, 3 de atropina, 2 de bicarbonato de sodio, 1 de cluconato de calcio, ya habían pasado 30 minutos desde que había llegado en paro, el médico con una voz entrecortada le pide que deje de darme masaje cardiaco, yo estaba muerta... se llenó de silencio, nadie podía creer que una de esas jóvenes que irradiaba vida con solo una sonrisa, había muerto...pero Jesús hizo caso omiso de la orden y siguió con la reanimación, me gritaba, cacheteaba y me suplicaba que despertará, él sabía que yo era fuerte y tenía que salir de ésta, después de unos minutos.. ¡mi corazón empezó a latir!, débil, muy débil, pero al fin de cuentas Dios me estaba dando otra oportunidad de vivir; otro médico que se encontraba en la misma sala les pidió a las enfermeras que me prepararan para darme descargas eléctricas para que mi corazón latiera con mejor ritmo, Jesús ofuscado y sin respetar jerarquías dijo que ¡no!, yo saldría del paro solo con masaje cardiaco, los médicos atónitos siguieron su consejo (después de todo siempre había sido un excelente paramédico), convulsioné en 3 ocasiones por lo que me administraron diazepan, mi respiración era lenta, la presión subió a 60/40, un médico pidió a Jesús que me llevara al hospital (yo me encontraba en un servicio de urgencias), el traslado en la ambulancia fue difícil, convulsioné de nuevo varias veces, Jesús pidió apoyo a nuestros amigos que esa noche se encontraban de guardia en la Cruz Roja para que le avisarán a Carlos (mi novio).

Yo ingrese inmediatamente a terapia intensiva, Carlos llegó y al saber lo acontecido sintió que el mundo se le venía encima, pero recuperando su aplomo subió y entró a verme, sus ojos se inundaron de lágrimas al ver a la mujer que amaba llena de cables por todos lados, conectada a un monitor para observar si el corazón dejaba de latir, Carlos agobiado por el dolor salió rumbo a unas escaleras, lloró, pensaba que jamás podríamos realizar los proyectos que con tanto amor habíamos planeado, mi madre al verlo y haciendo a un lado su preocupación, se acercó y dándole un fuerte abrazo le dijo con gran seguridad que yo estaría bien y pronto estaríamos juntos, Carlos le regaló una sonrisa, creo que desde ese momento empezó la unión entre ellos, mi familia lo amaba.
Pasaron los días y por fin salí de terapia intensiva, en esos momentos tan difíciles estuvieron muchos amigos y familiares apoyándome cariñosamente, menos alguien.. mi padre.

Pasaron los meses y en mi corazón crecía la inquietud de buscar a mi padre, la experiencia que había tenido me hizo pensar que tal vez la vida no me daría otra oportunidad de conocerlo.

Un día de Marzo de 1996 localice el número telefónico de su trabajo, llamé, una mujer muy amable contestó, le pedí que me comunicará con el Ing. Raúl Carrillo Armenta, esperé un momento, mi corazón latía emocionado, escuché su voz, -hola- le dije, soy Alejandra tu hija, suspiró y alegremente me preguntó como había estado en todo este tiempo, le conté muchas cosas, su voz sonaba como mi otro yo, alegre, inquieta y dulce, le pedí que nos conociéramos, ¡claro¡ contestó, ahora tengo mucho trabajo pero llámame en un mes, paso el mes, y seguía ocupado, pasaron los años y siempre seguía ocupado. Para ese entonces, me había casado con Carlos y había dado a luz a un precioso bebé. Había pasado mucho tiempo y para el 8 de Febrero de 2001 le llamé de nueva cuenta con la esperanza que me diera una fecha para platicar y conocerlo, me volvió a decir lo mismo, tenía mucho trabajo, estaba viajando constantemente a un municipio de Chihuahua en donde estaban construyendo algo (era Ingeniero Civil), me prometió que en dos meses nos veríamos, está bien, yo te llamo, le contesté.

Me preguntaba que pensaba mi papá, ¿porque no me regalaba un poco de su tiempo?, él no había estado conmigo en 25 años, no deseaba atarlo a una paternidad impuesta, al fin y al cabo yo ya había crecido, tenía una familia, pensé en espiarlo para conocer su rostro, pero solo fue una idea que nunca realice. En agosto de ese mismo año y como todos los sábados, fui a visitar a mi madre, después de varias horas fue a encaminarme a la parada de autobuses , en el trayecto me preguntó si había hablado con mi papá y cuándo había sido la última vez, no hablo con él desde febrero, contesté, ella bajo la mirada y dijo; tu papá ya no está con nosotras, sufrió un accidente en la carretera cuando se trasladaba al trabajo y murió. Mi corazón se aceleró como deseando correr, gritar, llorar.. de inmediato sentí un hueco que hasta la fecha no se ha llenado, me despedí de ella tratando de ocultar mi coraje y dolor, no deseaba darle más preocupaciones.

Me dirigí a casa, llegué y me puse a preparar la comida, Carlos estaba por llegar del trabajo, trate de entretenerme en las labores del hogar pero al tener a Carlos frente a mi preguntándome como me había ido con mi madre, no aguante más y lloré, era un llanto de esos que no puedes parar y que después de un rato empiezas a sentir una especie de náusea, dolor de cabeza, coraje, impotencia, desilusión y mucho, mucho dolor. ¿Por qué la vida me arrebato la oportunidad que por derecho sagrado tenía? ¿por qué?.

Un año después de su muerte, mi madre y yo contactamos a la hermana de mi papá, la visitamos, me dio una alegría indescriptible ver varias fotos de él, le pedí que me regalara una, me dijo que le llamara en un mes para tener oportunidad de buscar más y sacarle copias, al mes llamó mi madre, ella decía estar enferma y no haber tenido tiempo de sacar las copias, ¿en un mes?, era evidente que no deseaba obsequiarmelas, ¿qué podía esperar? Yo no era parte de su familia. Esa fotografía significaba desahogo, resignación y me daría también un poco de alivio. Pero ahora tengo la seguridad de que  en donde esté mi padre, cuidará a su familia y a mí me dará un tierno beso cuando me duerma, me abrazará cuando esté triste y me mandará su bendición como regalo de cumpleaños.

Esta es parte de mi vida. Hoy soy feliz, tengo un muñequito de 4 años, un esposo maravilloso y sigo formando parte de mi otra familia.. “La Cruz Roja”, mi corazón aún tiene un vacío, creo que hasta el día en que yo muera, estando en otro espacio y en otro tiempo, veré a mi papá, lo abrazaré, besaré, perdonaré y llenaré de amor todo mi corazón, ya no existirá la palabra vacío.

Aún me falta mucho por vivir, pero quise escribir esto para que esos jóvenes que ahora insultan a su padre, o desean no haberlo tenido, corran a él para abrazarlo, díganle que hay una joven deseando volver el tiempo atrás para conocer al hombre que le dio la vida y que ha pesar de las circunstancias que existieron para que él no estuviera con ella, hay una palabra que siempre quiso pronunciar.... papá.

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