REFLEXION DE UN DESESPERADO
(Escrito por nuestro amigo Darío Ruiz Díaz)

Entre tanta cosas pensaba en esas películas trilladas de escenas repetidas como cada día de mi vida que sucede segundo tras segundo en un paisaje ya visto de fotos concretas sin la más mínima intención de mutar.

Aquellas donde parece que un instante comparado con la vida es una eternidad.

Pero una eternidad infinita donde podemos vivir lo vivido hasta ese momento, solucionar lo pasado, extrañar el porvenir, morir y vivir infinitas veces y entre tantos pensamientos que desbordan al ser.

Mirar las pequeñas situaciones.

A mamá dando calor a papá serio y con porte estridente y siempre atento a los tropiezos que pudiera dar.

Una chica tras otra pasando como desapercibidas al lado de un sincero desamor de mi parte.

El día de graduación, el trabajo esperado.

Y cada hilo de esta historia que se unen uno a uno, enredándose.

Como tantas otras cosas que se encontraron en una encrucijada sin rumbo fijo. Anudándose.

Lo más concreto sobre mí, ese techo que prometió del primer día de comprado en no cambiar y resistir mi humanidad. Esta que se deja ver entre líneas oscuras, una copia bizarra de tantos actores que vi caminar sobre este escenario y que son de los mejores que conozco. Que aunque no quiera uno hacerlo tiende a reflejarse transformándose en uno de ellos, no en quien vive en uno… ¿Cómo es?

Tan miserable el tiempo que un ínfimo segundo se suceden estos pensamientos, ni en la más relajada clase de yoga reflexione tanto… Recuerdo pensar: si es tan cierto que al acercarnos al abismo nos enfrentamos a la nada misma, al incierto, ese que tememos todos, lo desconocido.

Pero caigo en cuenta la vida es eso. Así que temo más acercarme el bordé del abismo real cuando ya me siento sin vértigo a saltar…

Una bocanada de aire, un escalofrió en el cuerpo, un paso adelante y el ruido de una silla rota.

La presión que supera lo pensado, el dolor es lo de menos, la gravedad es la que ayuda. Quiere mis pies sobre la tierra como siempre. Hoy más que nunca y yo flotando sin que nada importe.

Solo quiero que mis ojos no salgan rodando por el suelo.

Me daría mucha gracia esa situación si estuviera como espectador de este fin de acto. Cuantas audiciones pasaron camuflándose con mi piel esos personajes sin historias y hoy nadie que vea mi propio ser.
El verdadero, el que fui el que soy…. La amargura del ajenjo no es un reflejo inequívoco que el paladar desprecia. Es su sabor, su razón de ser, es el mismo desde su creación.

En las profundidades más íntimas de sus capas, hasta la piel más expuesta del afuera... …Sin una gota de aliento… …El mareo es fenomenal… …El entumecimiento total… Caída libre, el peso semimuerto del cuerpo golpea con furia en el suelo. Quedando espalda hacia abajo. La mirada perdida los sentidos aturdidos…

Por algo ese tramo de enredados hilos no quiso soportar este entusiasmo. ¡Este entusiasmo loco! de que los pies no estén sobre la tierra…

Risotadas nerviosas, los dientes apretados, una claridad sensata, vuelve el miedo de lo que será arraigado, al placentero, rigor de querer vivir…

Y entre tantas otras cosas pensando…  .

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Reflexion de un desesperado

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