Soy Laurita, tengo siete años y vivo con mis papás y mi abuelito, que me quieren mucho y me enseñan cosas todo el tiempo.

Tengo un vecino, Juan, que es mi amigo y tiene ocho años.  Antes no era mi amigo, porque le gustaba maltratar animalitos.  Recogía gatitos callejeros y se los llevaba a su casa para "hacer experimentos", decía.  Yo sabía que les hacía daño, porque desde mi casa se oían maullidos muy fuertes y eso a mí me enojaba mucho.

Papá y mamá me han enseñado que no se debe hacer daño a ninguna criatura, porque hay que respetar la vida.  Un día, a Juan le pasó algo muy malo por hacer esas cosas: Ese día ví por mi ventana que Juan llevaba una bolsa con algo que se movía adentro.  Salí y le pregunté qué iba a hacer con ese gatito, me contestó que no era un gato y entró a su casa.

Me quedé muy afligida, pensando cómo poder rescatar al gatito.  Abuelito me dijo que no se podía entrar sin permiso a la casa de al lado para quitarle el gatito a Juan, como yo quería.  Ya había oscurecido cuando de repente se escucharon golpes muy fuertes en nuestra puerta.  Mamá salió a abrir.  Era la mamá de Juan, pidiendo ayuda.  Juan había sido mordido por una víbora.

Papá y mamá los llevaron al hospital y abuelito y yo nos quedamos preocupados y preguntándonos cómo es que a Juan le había pasado eso. Parece que era verdad que lo que Juan llevaba en la bolsa aquella tarde, no era un gato.  Cuando mamá y papá regresaron, papá dijo que Juan había encontrado una víbora y se la había llevado a su casa.  Había tratado de hacerle algo, pero ella se había defendido, lo había mordido y había huído por la puerta de atrás.

Yo pregunté si la víbora era venenosa, pero papá dijo que no, así que me quedé tranquila.

Al día siguiente abuelito y yo fuimos a visitar a Juan a su casa, yo le llevé unos chocolates para que se sintiera mejor.  Tenía el brazo vendado y estaba muy pensativo.  Le pregunté cómo se sentía y me dijo que le dolía un poco y que todavía estaba asustado.  Dijo también que nunca más haría daño a un animalito, porque había aprendido la lección.  Yo me alegré mucho al oír eso y lo abracé de felicidad.  Desde entonces mi vecinito Juan, jamás ha vuelto a hacer nada malo a ningún animalito y somos muy buenos amigos.

Amiguito, nunca hagas daño a ningun animalito, ni tires los nidos de los pajaritos, ellos también sufren, sienten dolor igual que nosotros.  Juan tuvo que sufrir en carne propia el dolor, para que se diera cuenta de cómo se sentían los animalitos.  Dios puso todo su amor al crear a cada animalito, hay que cuidarlos y protegerlos, porque son nuestros compañeritos en este planeta.

Lecturas para compartir.   Club de Lectura y Amistad.
 http://www.lecturasparacompartir.com
    Esta pagina está diseñada para verse mejor en
Netscape 4.5 ó superior y en Internet Explorer 3.0 o superior.